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Quizás no me lo vas a creer, pero no fue hasta hace un par de meses, en medio del #quedateencasa que me dispuse a ver por primera vez en mi vida Star Wars.  Nunca había visto ninguna de sus películas y gracias a mi hijo mayor, que ya tenía un tiempo insistiéndome que él las quería ver, me dispuse a adentrarme al mundo desconocido de la guerra de las galaxias. Te confieso que las he disfrutado mucho, pero sobre todo por la filosofía detrás de la película y hoy quiero compartir contigo una de las escenas que más me impactó.

Si ya has visto la saga, seguramente recordaras que el episodio 3: La venganza de los Sith, Anakin Skywalker, se pasa finalmente al “lado oscuro de la fuerza” corrompido por Darth Sidious “El Emperador” para terminar, convirtiéndose en el archi conocido Darth Vader.

Anakin era un Jedi muy talentoso y simpático, pero se dejaba llevar en muchos momentos por su arrogancia e ira.  Darth Sidious aprovechándose de esto, lo manipula con el objeto de que se una a las fuerzas oscuras. El trata de resistirse, pero en una estocada final Sidious le miente y le dice que él (Anakin) había asesinado a la mujer que amaba, Padmé. Se sintió tan lleno de ira, culpa y decepcionado de sí mismo, que esto termino de quitarle su voluntad y sucumbió al lado oscuro de la fuerza.

Esta escena me pareció super interesante y conectó conmigo desde mi lado espiritual, pero también científico y ambos me conducen al mismo mensaje que hoy quiero darte.

Pero primero quiero preguntarte ¿Qué te dices a ti mismo cuando caes en alguna tentación? ¿Cuándo algo te sale mal? ¿Cuándo te comiste ese dulce que no debías? ¿Cuándo no lograste levantarte lo temprano que querías? ¿Cuándo te equivocas en tu trabajo o en tu vida personal?

Hace un tiempo leí una investigación científica que buscaba explorar el efecto de la autocompasión cuando las personas comenten una falta, y encontraron que las personas que eran más amables consigo mismas cuando habían cometido un error y seguían creyendo que es posible mejorar, logran a largo plazo mejores resultados en sus objetivos que las personas que son más duras con ellas mismas y se llenan de culpa o remordimiento.

Cuando nos llenamos de culpa y remordimiento, nuestro estrés y ansiedad aumenta y nos hace necesitar gratificación inmediata para aliviar nuestra ansiedad. Nuestro cerebro termina viendo las mismas tentaciones aun más atractivas. Esto es muy claro verlo en comportamientos compulsivos con la comida, pero realmente pasa en cualquier otra meta que tenga que ver con nuestro crecimiento personal o profesional.

Por eso quiero recordarte hoy lo importante de ser autocompasivos, que no tiene nada que ver con tenernos lastima, como muchas veces se malinterpreta.  Ser autocompasivos es ser amables con nosotros mismos, animarnos en vez de criticarnos continuamente, recordar que siempre podemos mejorar y que todos somos humanos, no somos perfectos.

Llenarte de culpa o remordimiento no te ayuda en nada, solo te debilita y te hace sucumbir al “lado oscuro de la fuerza”. Para mantenerte en la luz, se compasivo y trátate como tratarías a tu mejor amigo. Siempre puedes hacerlo mejor la próxima vez.